¿Quién vive más, los que comen carne o los que no?
- De los muchos factores que determinan la longevidad, pocos han sido tan estudiados y debatidos como la dieta

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Las dietas vegetariana y vegana han atraído en los últimos años a un gran número de personas, también en consecuencia del apoyo, más o menos explícito, de varias celebridades, del aumento de la sensibilidad medioambiental, de una cierta sobreexposición mediática y de los presuntos beneficios para la salud. En este sentido, una de las preguntas clave es: ¿con cuál de las dietas se puede vivir más tiempo? Y vivir bien, no sólo batir un récord de longevidad.
La esperanza de una larga vida depende de la combinación de nuestros genes y de las condiciones de nuestro entorno: donde y cómo vivimos. En estudios que involucran gemelos idénticos, se ha estimado que no más del 30 por ciento de esta influencia procede de nuestros genes, lo que significa que el entorno es el factor clave y de los muchos factores a tener en cuentas, pocos han sido tan estudiados y debatidos como la dieta.
Los peligros del abuso de carne roja
Se estima que en el mundo la población que no come ni carne ni pescado sea de unos 400 millones. Luego están los que proponen una dieta compuesta por un 70% de alimentos vegetales y un 30% de origen animal y los que, como los Reduceterianos, proponen comer menos carne, pero de calidad. El Ministerio de Agricultura estima que el consumo medio per cápita de carne en España es de 51 kilos al año. Unos 139 gramos al día.
En 2015, la IARC, la Organización Internacional para la Investigación sobre el Cáncer alertó al mundo sobre el peligro procedente de la carne roja, al haber encontrado una relación entre este alimento y la aparición de tumores colorrectales. Después de las críticas y los elogios recibidos en igual medida, la organización aclaró el alcance real del problema.

Según la IARC una porción de 50 gramos de carne procesada consumida cada día aumenta el riesgo de cáncer colorrectal en un 18%. La misma organización también ha explicado que el aumento de la vulnerabilidad a patologías como la diabetes, el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, detectado por algunos estudios en relación con el consumo de carne, no se debe al alimento en sí, sino a los métodos de conservación y a ciertas prácticas de cocción.
Para estudios, los colores
Un estudio de la Universidad de Loma Linda (EE.UU.) ha controlado la alimentación de casi 100.000 estadounidenses durante cinco años y ha encontrado que las personas que no comían carne eran menos propensas a morir - por cualquier causa - durante el período de estudio que las que sí comían carne. El efecto era especialmente notable en los hombres. Algunos meta-análisis, que combinan y re-analizan datos de varios estudios, también han concluido que una dieta baja en carne está asociada con una mayor longevidad.
Sin embargo, no todos los expertos están de acuerdo. Algunos trabajos muestran muy poca o incluso ninguna diferencia en la longevidad entre los consumidores de carne y los que no. Una amplia investigación que apareció en la revista American Journal of Clinical Nutrition ha analizado a más de 60.000 personas durante un período de veinte años, entrevistándoles sobre sus hábitos alimenticios al inicio del estudio y, luego, a distancia de 5, 10 y 15 años.
La conclusión de los autores fue que no existen diferencias significativas en la mortalidad global entre vegetarianos, veganos y omnívoros. También la Universidad de Oxford sostiene que ambos grupos tienen la misma esperanza de vida, pero con la condición de que el consumo de carne sea moderado, lo que confirma que el sentido común de la abuela es propio también de las universidades más prestigiosas.

La investigación inglesa observó que vegetarianos y veganos, en comparación con los que consumían carne cinco o más veces a la semana, veían reducida a la mitad la mortalidad por cáncer de páncreas y del sistema linfático. Aquellos que consumían carne con moderación tenían un riesgo de muerte por cáncer de páncreas y enfermedades respiratorias inferior en un 30-45% al grupo de los ‘carnívoros’. Respecto a los otros tipos de cáncer, vegetarianos y veganos tenían un un 10% menos de riesgo de mortalidad en comparación con los otros grupos.
Una respuesta complicada de encontrar
La (ya) larga vida humana hace que sea muy difícil realizar estudios que midan el efecto de cualquier elemento sobre la longevidad. Además, encontrar un vínculo entre dos hechos - como comer carne y una muerte prematura - no significa necesariamente que uno sea causa del otro. Puede parecer que el vegetarianismo y la longevidad estén relacionados, pero una variable diferente podría explicar el vínculo. Podría ser, por ejemplo, que los vegetarianos, en general, practiquen más ejercicio físico, fumen menos o beban menos alcohol.
Llegados a este punto, se le debe una disculpa al lector, ya que la enorme cantidad de estudios y encuestas realizadas por diferentes universidades del planeta no aclara la cuestión. La parafernalia argumentativa de los varios bandos es amplia y bien estructurada, pero no del todo concluyente. Sigue válida la sugerencia de recurrir a todas las categorías de nutrientes, apostando por la alternancia alimentar. Variedad, medida y sentido común siguen siendo la piedra angular de la dieta que de verdad hace bien.
Fuente: http://ow.ly/fnsx309TiLQ
Sí, puedes comer huevo a diario y por qué es bueno comerse la cáscara
- Tras unos años acosado, definitivamente el huevo es bueno para la salud

Está más que demostrado que el huevo es un alimento saludable y muy rico a nivel nutritivo (AnthiaCumming / Getty)
Huevo sí, huevo no, la duda persiste en muchos hogares. Como antes el aceite de oliva o el pescado azul y sus múltiples beneficios gracias a la presencia de ácidos grasos omega 3, el óvulo comestible de las gallinas sigue generando dudas acerca de su idoneidad.
Es un alimento accesible, barato, una excelente fuente de nutrientes esenciales y bajo en grasas pero… ¡ay el colesterol! Aún retumban las voces sobre su aportación de grasas capaces de colapsar las arterias, aunque en los últimos años los avances científicos indiquen el sentido contrario. Un huevo al día no solo es bueno sino, además, recomendable.

Los huevos poché o benedict con aguacate, el desayuno de los hipsters
En tortilla, hervido para la ensaladilla rusa, o a lo hipster -pasado por agua encima de una tostada de aguacate-, frito y revuelto con patatas o como emulsionante de mayonesas y otras salsas, el huevo es uno más de la familia.
Obtenido de gallinas apelotonadas en jaulas, otras que corretean y se alimentan de cereales o de aves sueltas en granjas ecológicas, el huevo es una gran fuente de vitaminas (del grupo B o vitaminas E, D, K y A), de minerales (fósforo, yodo, hierro, zinc, selenio o cromo), de proteínas de alto valor biológico y de ácidos grasos esenciales.
“Precisamente estos ácidos grasos esenciales, los omega 3 y los ácidos grasos omega 6, son los que han desmontado el mito del colesterol del huevo. Si bien es cierto que una yema contiene una cantidad importante de colesterol (cerca de 200 mg), recientes estudios han demostrado que el efecto protector de los ácidos grasos esenciales es superior a la capacidad del colesterol total presente en el huevo de aumentar los niveles de colesterol en sangre”, explican los dietistas y nutricionistas del equipo de Menja Sa.
“El colesterol es una grasa de origen animal y es fundamental para nuestro organismo. Por lo tanto, tener colesterol no es malo, sino necesario. De hecho, nuestro organismo fabrica colesterol todos los días por esto, según cuál sea nuestro ritmo de producción, podemos tener más o menos tendencia a aumentar los niveles de colesterol en sangre”, añaden los especialistas.

Hay pocos platos más apetitosos que una buena tortilla de patatas
Además, “los huevos tienen muchos atributos nutricionales positivos, incluyendo antioxidantes, que han demostrado reducir el estrés oxidativo y la inflamación”, según el doctor Dominik Alexander, investigador del EpidStat Institute de Michigan (EE.UU.), centro especializado en ciencias de la salud.
“También son una excelente fuente de proteínas, que se ha relacionado con una presión arterial más baja”, prosigue.
La Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) incluye la ingesta regular de huevo en su última pirámide de alimentación saludable. En concreto, recomienda alternar, junto al pescado, el pollo, las legumbres y los frutos secos, entre una y tres piezas de estos alimentos al día, así como los lácteos.
“Podemos recomendar, en cualquier persona adulta, un consumo de cuatro huevos a la semana, tres huevos en el caso de los más pequeños de la casa, y hasta siete huevos a la semana en adultos con una importante masa muscular que realicen actividad física intensa”, indican desde Menja Sa.

El huevo, un alimento versátil y que casa con todo
En mercados y supermercados podemos encontrar huevos supergrandes (XL, 73 gramos o más), grandes (L, 63-73 gramos), medianos (M, 53-63 gramos) o pequeños (S, menos de 53 gramos), explican desde Inprovo, la Organización Interprofesional del Huevo y sus Productos.
Independientemente de su tamaño, el peso de los huevos de gallina, los más consumidos, está compuesto por un 10% de cáscara, un 60% de clara (la parte más rica en proteínas) y un 30% de yema (la zona más grasa). Recientemente también se ha puesto sobre la mesa el valor nutricional del caparazón, puesto que es una cubierta formada por calcio, uno de los nutrientes esenciales para el organismo.
Dicho resultado es cierto, un estudio argentino publicado en el International Journal of Food Sciences and Nutrition en 2013 concluyó que la mitad de la cáscara de un huevo proporciona la cantidad diaria de calcio recomendada para un adulto y sugirió incorporarla, en polvo, en el pan, la pizza o la pasta.
Pero desde Menja Sa su responsable, Rosa Maria Espinosa, advierte que es mejor obtener el calcio por otras vías, como los lácteos: “son mucho más apetitosos, tienen dos ventajas que no tiene la cáscara del huevo: la vitamina D y la lactosa, necesarias para una correcta absorción del calcio. Y sin olvidar que la cáscara del huevo puede contener salmonella”.

Yema, clara y cáscara, los componentes del huevo
Fuente: http://ow.ly/6idi309TioD
La dieta con la que puedes perder peso haciéndola solo una semana al mes

Hay casi tantas dietas como días al año, unas más fiables que otras, o más extremas. La dieta de la piña, la del huevo duro, en la que hay que beber más de dos litros de agua o en la que tenemos que comer cinco veces al día en pequeñas cantidades son algunas de ellas. Cuando queremos comenzar la "operación bikini" o simplemente queremos mejorar nuestra imagen, deseamos escoger la más rápida y efectiva de ellas.
Hace unos años se puso de moda la 'Fast Diet', una propuesta dietética para perder peso rápidamente y no morir en el intento. Esta dieta consiste en realizar ayunos en días enteros o días alternos, es decir, reducir la ingesta de comida varios días de la semana dependiendo de si solo se quiere mantener la línea o por el contrario, perder mucho peso rápidamente pero sin restringir ningún tipo de comida, pudiendo comer todo lo que se quiera el resto del tiempo, dentro de unos ciertos límites de cantidad, ¡no seamos gochos!
Nuestros antepasados nunca tuvieron que comer cinco veces al día, en muchos casos al revés, tenían que soportar periodos de tiempo sin comer nada. “Existen muchas pruebas que sugieren que ayunar periódicamente puede promover cambios duraderos que nos protegen del envejecimiento y de las enfermedades, particularmente cáncer y diabetes”, según el doctor Valter Longo, director del Instituto para la Longevidad de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
Aunque este tipo de diera no fue muy valorada por los expertos, los nutricionista cambiaron su forma de pensar y acabaron defendiendo este método. 'Fast Diet' o 'Intermittent fasting' propone un ayuno intermitente. Exactamente, dos días de ayuno controlado, ingiriendo un desayuno y una cena temprana bajos en calorías y con un intervalo sin comidas lo más largo posible.

Ayunar dos días para perder peso rápidamente. (iStock)
500 calorías al día para mujeres y 600 para hombres, reduciendo las calorías a un cuarto de tu dosis diaria habitual. Y los cinco días restantes de la semana comer sin restricciones. Teniendo en cuenta que los días de ayuno se necesita ingerir alimentos saciantes y con un índice glucémico bajo. (las proteínas son la mejor opción). Los días libres deben primar las proteínas y las verduras, añadiendo hidratos de carbono en cantidades adecuadas ya que también son necesarios. Si sólamente quieres mantenerte, debes ayunar un día a la semana nada más.
Los investigadores descubrieron que los participantes perdieron casi 3 kg y su cintura se redujo en unos 5 cm
Con el ayuno conseguimos que la glucosa en sangre se consuma más rápidamente. Cuando esta no se sustitye por comida, el cuerpo recurre al glucógeno, una forma estable de glucosa que se almacena en los músculos y en el hígado. Y cuando ya ha consumido todo eso, el cuerpo recurre a quemar grasa. Con todo esto conseguirás mejorar los niveles de colesterol, bajar la presión sanguínea, minimizar el riesgo de padecer cáncer o diabetes y agudizar los sentidos. Además tu estado de ánimo mejorará y podrás perder, más o menos, medio kilo cada día de ayuno.
Ayunar también es comer
Mucha gente confunde el término ayunar con la idea de no ingerir ningún tipo de alimento. Pero nada que ver con la realidad. Consiste en no tomar alimentos sólidos y beber solamente agua, infusiones, caldos de verduras y zumo de frutas, con una ingesta calórica que se sitúa alrededor de las 300 kilocalorías. Un ayuno realizado de forma controlada y bajo supervisión de un experto ofrece beneficios para la salud. Así lo demuestran los países donde los ayunos se prescriben como tratamiento terapéutico para ciertas enfermedades.
"La dieta que simula el ayuno"
Reducir el riesgo de enfermedades del corazón, diabetes y cáncer es posible. Según los investigadores del Longevity Institute de la UCLA, ayunar durante cinco días al mes provocaría una presión arterial más baja, niveles de azúcar en sangre más estables y mejores niveles de colesterol. El estudio consistía en limitar la ingesta de calorías durante una semana de trabajo, una vez al mes durante tres meses. La dieta, diseñada para imitar los resultados del ayuno (solo beber agua), pemitió a los participantes consumir entre 750 y 100 calorías por día.
Un total de 100 personas participaron en el ensayo entre abril de 2013 y julio de 2015. Los participantes, con edades comprendidas entre 20 y 70 años, todos generalmente sanos, se dividieron en dos grupos: Al primer grupo, llamado grupo de control, se le dijo que continuara sus hábitos alimenticios normales durante tres meses y las personas del segundo grupo realizaron la dieta-ayuno durante tres meses, con alimentos suministrados por la compañía de nutrición L-Nutra durante. Las comidas para "la dieta que simula el ayuno", como la llaman los investigadores, contenían proporciones precisas de proteínas, grasas e hidratos de carbono.
Los paquetes de comida incluirían barras energéticas, sopas, una variedad de aperitivos, bebidas y snacks. Sus ingredientes a base de plantas consisten en aceitunas frescas, verduras, nueces, semillas, chocolate negro y tés de hierbas. Después de tres meses, los participantes en el grupo de control se trasladaron a la dieta especial y los investigadores descubrieron que los participantes del segundo grupo perdieron casi 3 kg y su cintura se redujo en unos 5 cm.

5 cm menos de cintura en tres meses. (iStock)
Los efectos secundarios fueron leves, incluyendo fatiga, debilidad y dolores de cabeza. Los doctores Wei y Longo, realizadores del estudio, dijeron que si bien "la gran mayoría" de los participantes mostraba uno o más factores de riesgo de tener diabetes, enfermedades del corazón o cáncer, los ensayos de la Administración de Medicamentos y Alimentos serán necesarios para demostrar si este método es eficaz en la prevención y el tratamiento de estas".
No se sabe cómo este tipo de dieta afecta a la masa muscular a largo plazo, y qué impacto puede tener en el resto del organismo
Según el doctor Joseph Antoun, CEO de L-Nutra, esta dieta está destinada a personas que desean optimizar su salud y su bienestar, sujetos con sobrespeso u obesidad que quieren controlar su peso de manera fácil y saludable e individuos con niveles descontrolados de envejecimiento, aunque remarcó que personas que tengan diabetes, enfermedades cardiovasculares, mujeres embarazadas o menores de 18 años, no deberían practicarla.
"No está claro si "la dieta - ayuno" permite a las personas cumplir de manera constante con todos los requisitos alimenticios", dijo Ashlea Braun, de la Univeridad Estatal de Ohio a 'Reuters Health'. "Tampoco se sabe cómo este tipo de dieta tan restrictiva afecta a la masa muscular a largo plazo, y qué impacto puede tener en el resto del organismo".
"Aunque hay evidencias que demuestran que este tipo de dieta restrictiva pueden ayudar a pegar "un gran salto"a las personas que quieren cambiar su estilo de vida, se necesitan más investigaciones para poder recomendarla", concluyó Braun
Fuente: http://ow.ly/ccll309f1pl
¿Qué boicotea tu dieta? Seis soluciones clave para perder peso de forma eficaz

Uno de tus propósitos para el nuevo año es desprenderte de esos kilos de más. Empiezas la enésima dieta y... no obtienes los resultados esperados. ¿Qué está pasando? ¿Por qué a todo el mundo parece que le funcionan y a ti no? Antes de pensar que eres de otro planeta, ten en cuenta que no estás solo: el 81% de los españoles ha reconocido fracasar en su intento de ponerse a régimen, pese a que el 76% reconoce sentirse cómodo con su actual talla de pantalón. A esta conclusión ha llegado la encuesta de 'XLS Medical', llevada a cabo por la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), en la que se han analizado los factores de éxito y fracaso a la hora de intentar adelgazar. Pero aquí no sirve aquello de 'mal de muchos, consuelo de tontos', pues hay soluciones para que los regímenes sean realmente efectivos y puedas protegerte de esos duendes invisibles que boicotean tus intentos por alcanzar el peso ideal.
Ponte en manos de expertos
El mejor proselitismo para cualquier dieta es encontrarse a una amiga o a un amigo con un tipazo de infarto. Cuando le interrogues sobre cómo consiguió dejar atrás esos kilos de más, no tendrá ningún problema en explicarte con todo lujo de detalles el tratamiento que ha llevado a cabo. Puede que haya seguido la dieta de una revista, la de un libro o la que le ha confeccionado un nutricionista. Y tú al día siguiente, copias su dieta, porque está claro que funciona y, sin embargo, a ti no te da los mismos resultados. ¿Qué ha ocurrido? Pues que no todas las dietas funcionan de igual modo para todo el mundo.
Lo mejor es que vayas a un nutricionista, que la prepare conforme a tus necesidades. Para seguir una dieta, esta tiene que adaptarse a ti y no al revés: a tu gasto calórico, al número de comidas que puedes hacer, a si tienes que ir a un restaurante, a los alimentos que más te gustan y los que detestas, a la cantidad de peso que pretendes perder... Un nutricionista tendrá en cuenta todas esas variables y te ofrecerá un plan personalizado que podrás seguir sin dificultades.
Una dieta es... una dieta
Parece obvio, pero no lo es. ¿Estás buscando una dieta o un milagro para todos los problemas de tu vida? ¿Para qué quieres adelgazar? Ese es un factor primordial para no abandonarla, porque en la mayoría de las ocasiones no se trata de perder peso, sino de ganar autoestima. Según la encuesta de la SEEDO, para la que se entrevistó a casi 3.000 personas, las razones que nos llevan a intentar perder peso son: sentirnos más sanos (82,8%), que la ropa nos siente mejor (85,6%), equilibrar el estado emocional (78,8%), encontrar trabajo (65,4%) y mejorar la vida sexual (58%).
Esperar que una dieta arregle nuestra vida le pone a esta una carga que acaba siendo un arma de doble filo. La nueva pauta de alimentación se vive como un esfuerzo para alcanzar una meta que no tiene mucho que ver con la báscula. Y en el momento en el que se sufre un revés en el ámbito en el que se han invertido las esperanzas, ya tenemos una excusa para abandonar la dieta. Si ese chico o chica no te hace caso, ya tienes la excusa perfecta para hincharte a pastelitos: “Para lo que me ha servido privarme de comerlos”, te puedes decir. La dieta, para que funcione, no debería tener una fuerte vinculación emocional.
No, no sabemos tanto como creemos
Vivimos en la era de la sobreinformación y nos da por pensar que sabemos de todo. Antes, el único argumento que necesitábamos para creer en cualquier cosa era 'lo han dicho en la tele' y en la actualidad ha sido sustituido por 'lo he leído en Internet'. Pero no todo lo que aparece en una web está contrastado y debes encontrar fuentes realmente fiables, con nutricionistas y asociaciones médicas de prestigio. Un 65% de los españoles está convencido de que escoge los alimentos más saludables para su dieta. ¿Te encuentras entre ellos? ¿Y si compruebas si tus verdades nutricionales son realmente ciertas?
Eliminar grupo de alimentos
Tenemos un concepto antiguo de las dietas, basado en un sentimiento judeocristiano de culpa: debemos sacrificarnos, pasar hambre, renunciar a alimentos que nos gustan y alcanzaremos el paraíso de la talla S. Pero una buena dieta no tiene que centrarse en la prohibición. Por ejemplo, hace unos años se puso de moda prescindir de los carbohidratos e, incluso, de la fibra y optar por tomar únicamente proteínas. La falta de hidratos de carbono nos ayudan a hacer la digestión y nos dan energía, tanto física como mental. No es buena idea prescindir de ellos. Y es que una dieta no debería consistir en privarse de muchas cosas y después volver a la alimentación que teníamos antes. El éxito de un régimen es instaurar unas pautas alimenticias saludables, que perduren en el tiempo y que no sean vistas como una renuncia, sino como una aportación.
Saltarse una comida
Esto es muy típico. “Voy a dejar de cenar, a ver si me quito esos tres kilos que tanto me molestan”. Y por alguna extraña razón, nunca funciona y habitualmente acabas levantándote con una hambre de oso o dejando de salir por las noches para no ver cómo el resto del mundo disfruta de los montaditos. Renunciar a una ingesta de comida es un craso error por diferentes razones. Una es que el cuerpo, en previsión de que le vamos a hacer pasar hambre, acumula grasa, para tener reservas. Es pura supervivencia que viene de los hombres de las cavernas. Por otro lado, la digestión hace que quememos calorías. Muchos son los dietistas que abogan por hacer cinco comidas, no muy copiosas, para evitar la sensación de hambre, regular los picos de insulina y quemar calorías en el proceso digestivo.
No beber suficiente agua
Siempre se ha creído que beber agua ayudaba a adelgazar, pero hasta ahora no había ninguna evidencia científica. Un reciente estudio realizado en Alemania y publicado en 'American Journal of Clinical Nutrition' demostró que las personas que incrementaron en un litro su ingesta de agua, adelgazaron entre uno y dos kilos. Al estar bien hidratado, el metabolismo se acelera y de esta forma es más fácil quemar calorías. Esta parece ser la explicación por la que beber agua ayuda a perder peso.
Fuente: http://ow.ly/sK66308wAZF
La dieta japonesa puede disminuir el índice de mortalidad en un 15%

¿Palillos o cuchillo y tenedor? Según un estudio publicado en The BMJ , los que escojan los primeros utensilios tienen unas probabilidades más altas de vivir más tiempo. Este es un comentario ligero, pero es cierto que las mujeres japonesas viven más tiempo que la media del resto de los humanos: 87 años. Y la de los hombres es de 80 años, lo que no les deja en mal lugar.
Su longevidad parece estar relacionada directamente con los componentes de su dieta, rica en plantas, pescado y frutas, según los resultados de la investigación mencionada anteriormente. Para llevarla a cabo, los científicos estudiaron los comportamientos alimenticios de 79.594 personas durante 15 años y llegaron a la conclusión de que los individuos que comían siguiendo el régimen nipón de manera más estricta tenían una esperanza de vida un 15% superior a la de los demás.

Sushi (Tarick Foteh / Getty)
La muestra representativa de la encuesta estaba integrada por personas de todo el país con edades comprendidas entre los 40 y los 70 años. Se les entregó un cuestionario dietético que tuvieron que volver a rellenar cinco años después. Entre los alimentos que aparecían en el cuestionario estaban el arroz, la leche de vaca, el tofu, filete de ternera, las mandarinas o la cerveza. Así, hasta llegar a 147.
Dependiendo de lo bien que se ajustasen a la dieta recomendada según las “guías japonesas”, las personas recibían una puntuación u otra. Así, después de 15 años de seguimiento, los científicos podían relacionar el tipo de dieta con enfermedades como el cáncer o las afecciones cardiovasculares. Una de las sorpresas fue que las personas con puntuaciones más altas (dato positivo) fueron mujeres, bebedoras de té verde y consumidoras de altos niveles de calorías.

Sushi (Getty)
En el caso de la primera enfermedad su relación con la alimentación no quedó del todo clara. Tener una buena dieta parece beneficiar personas de peso adecuado, pero ese vínculo no es significativo en personas con sobrepeso u obesidad. Se necesitan más investigaciones para determinar quiénes se benefician y por qué, señalan los investigadores.
En relación a las enfermedades cardiovasculares, las personas que tenían una dieta rica en pescado, vegetales y frutas tenían menos probabilidades de morir por dicha causa. Teniendo en cuenta los resultados de dicho estudio, a las personas que tienen hábitos de alimentación diferentes a los nipones pueden incluir algunos de los hábitos alimenticios de dicho país para mejorar su salud: algunos son tan fáciles como el aumento del consumo de frutas y verduras.

Sushi (omer sukru goksu / Getty)
Fuente: http://ow.ly/bQHO3082jB5

